Si en tu casa ya empieza a rondar la pregunta de cuánto costará el regreso a clases, julio es el mes perfecto para tomar el control antes de que los números se salgan de las manos.
El primer paso es sentarse en familia con papel y lápiz —o una app de finanzas— y hacer cuentas claras: cuánto entra de ingresos al mes y cuánto se va en gastos fijos como renta, luz y despensa. Lo que sobra es, realmente, lo disponible para útiles, uniformes y colegiaturas.
Antes de correr a la papelería, vale la pena abrir mochilas y cajones. Muchos cuadernos, estuches y mochilas del ciclo pasado siguen sirviendo perfectamente. Esta revisión no solo ahorra dinero, también es una buena oportunidad para enseñarles a los niños que no todo se reemplaza, sino que también se reutiliza.
Comparar precios es otro hábito que rinde frutos. Visitar dos o tres tiendas, o consultar plataformas digitales que muestran precios de distintas cadenas, ayuda a identificar dónde conviene comprar cada artículo, en lugar de adquirir todo en un solo lugar por comodidad.
Organizarse con otros papás para comprar en grupo también puede generar descuentos por mayoreo en productos como hojas, lápices o gomas. Y aunque la tentación de lo más barato es fuerte, priorizar calidad —cuadernos con buen gramaje, mochilas con costuras firmes, zapatos resistentes— evita gastos adicionales a media del ciclo escolar.
Por último, no olvides guardar tickets y preguntar por políticas de cambio antes de pagar. Si algo sale mal, las instancias de protección al consumidor tienen canales abiertos para recibir quejas y orientar a las familias afectadas.
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